Ella es primavera. Guarda una sonrisa escondida, ¿La ves?.

Se pasea entre flores frescas. Ha escapado del frío invierno que había helado su corazón, y ahora tiene ganas de contar a todo el mundo que es plenamente feliz.

Disfruta de la felicidad de un modo más pausado y más tranquilo. Ve amor en los pequeños detalles, como puede ser el balanceo en un bonito columpio en cualquier parque.

 

 

Cuando una sensación de regocijo invade mi pecho, una sonrisa amplia nace  por mis  ojos y labios, y la carcajada surge ante cualquier cosa por mínima que parezca. Estoy experimentando alegría, una emoción que se despierta cuando me siento plena y satisfecha.

Cuando alcanzamos alguna meta, recibimos una noticia agradable, desaparece un malestar, hacemos lo que nos gusta , amamos  y somos amados.

Cuando estoy alegre, conecto más fácilmente con sentimientos positivos como la solidaridad y cooperación, los problemas me parecen más pequeños, veo el lado bueno de las cosas y me lleno de pensamientos positivos.

En la felicidad, cuerpo, mente y espíritu experimentan plenitud. Esto indica que estamos satisfechos  con nuestra existencia, lo que no implica tener que estar permanentemente contentos, alegres, riéndonos o de buen humor. Podemos estar con una apariencia tranquila y estar plenamente felices en nuestro interior.

Muchas veces para alcanzar la felicidad se tienen que atravesar procesos de sufrimiento, los considero tan importantes para llegar a sentirnos plenos…

 

 

 

 

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